La inquietud por el impacto a corto y largo plazo de la crisis se ha extendido mucho más allá de los mercados bursátiles y adquiere un carácter cada vez más global. La crisis actual es una muy clara demostración de la necesidad de control e intermediación multilaterales en los ámbitos del comercio y las finanzas, ya que están estrechamente relacionados. En términos muy simples, se puede decir que la estabilidad y la seguridad globales imponen la necesidad de tomar medidas globales.
Sr. Supachai Panitchpakdi, Secretario General de la UNCTAD - P.Virot, WIBH |
La UNCTAD lleva más de 40 años ocupándose de estos y otros problemas persistentes, y fomentando el desarrollo mediante el comercio y la inversión. Pero, como lo demuestra la crisis actual, hay nuevas situaciones que exigen atención. El mundo ha sufrido un profundo cambio económico, social, político e incluso físico, esto último debido al cambio climático. No cabe duda que ha habido grandes adelantos. Por ejemplo, algunos países en desarrollo se han visto muy favorecidos por el reciente auge de los productos básicos. Muchos países en desarrollo se han convertido en exportadores netos de capital, en tanto que el comercio y la inversión Sur-Sur han registrado una verdadera explosión, que ha modificado la naturaleza de las relaciones económicas internacionales. La nueva oleada de globalización se ha traducido en una mejor distribución de los beneficios: el PIB real per cápita de los países en desarrollo subió en conjunto de 812 dólares en 1980 a 1.621 en 2006, y la pobreza ha disminuido notablemente, sobre todo en Asia. Incluso en África, sin contar a Nigeria y Sudáfrica, se estima que el PIB promedio se elevó un 7% el año pasado. Hay razones para tener esperanzas en que, al menos en ciertos ámbitos, los objetivos de desarrollo del Milenio sean una realidad en el año 2015.
Pero aún no hay motivos de autocomplacencia. A pesar de que en el Sur se han producido muchos cambios positivos, es posible que ni siquiera la creciente expansión del poder adquisitivo y el alza de la demanda de sus productos de exportación en el resto del mundo sean suficientes para contener los efectos negativos de una probable recesión mundial. El crecimiento económico por sí solo no siempre ha conducido a la reducción de la pobreza o a una distribución más equitativa del ingreso. Amplias zonas de África siguen estancadas en una pobreza cada vez mayor o un crecimiento sin creación de empleos, y el continente en su conjunto produjo apenas el 2,7% de las exportaciones mundiales en 2006, lo que representa una baja considerable desde 1980. Tanto en África como en el resto del mundo se ve amenazada la reciente expansión económica, entre otras cosas por la acumulación de desequilibrios mundiales por cuenta corriente, de los cuales la turbulencia actual es sólo el ejemplo más reciente. El dinámico crecimiento de los últimos años podría haber empezado ya a perder impulso, lo que tendría consecuencias especialmente graves para los países en desarrollo más pobres. Los problemas más arraigados que afectaron a estos países en las últimas décadas adquieren nuevas formas y una magnitud alarmante.
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Éste es el contexto en que se celebrará el 12° período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo ó XII UNCTAD, oportunidad en la que la Conferencia vuelve a realizarse en África después de 12 años, en un continente emblemático de las mejores y peores manifestaciones de la globalización. El mandato de la UNCTAD cobra una importancia sin precedentes en el contexto actual de creciente interdependencia. Es innegable que se pueden sacar enseñanzas de la globalización en todas sus manifestaciones. A esto se suma la urgente necesidad de dar solución tanto a problemas persistentes como a nuevos motivos de preocupación, entre otros el efecto de algunos aspectos de la liberalización del comercio, la dependencia de los productos básicos, la brecha tecnológica, la insuficiencia de la infraestructura y la capacidad productiva, la seguridad energética y la migración. Esperamos que en la XII UNCTAD se aborden las consecuencias de estas nuevas realidades para el comercio y el desarrollo, y que esto permita afrontar los desafíos y ampliar al máximo las posibilidades que ofrece la globalización.